El Batallón de San Patricio

El Batallón de San Patricio fue un componente militar adscrito al ejército mexicano durante la Intervención Estadounidense en México. La particularidad de esta unidad residía en el hecho de que estaba formada principalmente por desertores del ejército de los Estados Unidos en este conflicto. Estos desertores, además, eran inmigrantes católicos provenientes, la mayoría de Irlanda y Alemania, aunque unos pocos eran de países varios de Europa.

El personaje más destacado del batallón fue su líder John O’Rilley, a veces llamado John Riley, o Juan Reley por los mexicanos.

Antecedentes

En 1836 había terminado el conflicto que se saldó con la secesión del territorio de Texas, constituido en república independiente. Sin embargo, pasarían pocos años antes de que se diera un franco proceso de anexión de la franja territorial del norte de México al territorio estadounidense, incentivado por el afán de expansión, el hallazgo de oro en California, y favorecido por los conflictos internos de México, donde se estaba imponiendo un gobierno de corte centralista. La anexión fue el germen del conflicto que inició la Intervención Estadounidense en México.

La condición católica de los miembros del batallón parece haber sido una condición determinante para que se decidieran a desertar del ejército estadounidense. México, en especial en aquella época, era un país de mayoría religiosa católica. Una de las razones que suele citarse para la formación del batallón, reside entonces en el mal trato dispensado por los oficiales estadounidenses a los soldados católicos, ya que los consideraban más afines a su religión que a su patria, y por lo tanto proclives a traicionarlos a favor de un país más afín en lo religioso. De este modo, los mandos estadounidenses mostraban por este grupo de inmigrantes una abierta desconfianza.

Lo cierto es que O’Rilley, que solía pedir permisos frecuentes para acudir a su iglesia, decidió un buen día no regresar a su cuartel. Y cientos de otros soldados se le unieron.

Desarrollo de los acontecimientos

Los soldados, en su mayoría irlandeses, desertan y se unen al Ejército mexicano. Toman el nombre de San Patricio, patrono de Irlanda, y se confeccionan una bandera alusiva a este hecho, en la que aparece la frase “Irlanda por siempre”. Se dieron a conocer en la Batalla de Monterrey, en la que a pesar de un brillante desempeño, culminó con una derrota mexicana, debido a la decisión del general Pedro Ampudia de rendir la ciudad.

Los “San Patricios”, como se les llegó a conocer, dieron en todo momento muestras de valor y brillantez en el combate, por ejemplo, en la Batalla de la Angostura. Estas virtudes fueron lamentablemente opacadas por la franca inferioridad técnica y logística del bando mexicano, embarcado en una guerra desigual y cegado por conflictos internos.

La última vez que el Batallón estuvo en acción fue en la Batalla de Churubusco, valiente defensa del ejército mexicano en el Convento de Santa María de Churubusco. En esta batalla, el ejército mexicano, apoyado por el Batallón de San Patricio, resistió hasta que se agotó el parque de municiones y no pudieron disparar más.

La batalla culminó con la toma del convento y la captura del batallón, cuyos miembros sufrieron destinos disímiles: aquellos que se habían sumado al batallón luego del inicio de la guerra, fueron considerados traidores y ahorcados. Los que, como O’Rilley, formaron parte del batallón antes del comienzo de la intervención, fueron condenados a trabajos forzados, no sin antes ser marcados en el rostro con la letra “D”, inicial de “desertores”, usando un hierro candente.

Acontecimientos posteriores

El Batallón siguió existiendo hasta 1850, año de la muerte de O’Rilley, cuando fue disuelto. O’Rilley aparecía registrado en el ejército como Juan Reley, y con ese nombre recibió sepultura en Veracruz.

El Batallón de San Patricio ha recibido reconocimiento póstumo en México, en especial material conmemorativo y toponímico. Su historia ha sido también llevada al cine en más de una ocasión.