Las Leyes de Reforma

Las Leyes de Reforma son un conjunto de leyes de corte liberal, promulgadas en México a mediados del siglo XIX, a lo largo de tres períodos presidenciales: Juan Álvarez, Ignacio Comonfort y Benito Juárez. Las leyes configuraron los primeros pasos en la búsqueda de separar del Estado y la Iglesia. La primera ley se promulgó en 1855, y las últimas en 1861.

El personaje que más aparece vinculado a las Leyes de Reforma fue Benito Juárez. Muy importantes fueron también las participaciones de Juan Álvarez e Ignacio Comonfort. También tuvieron relación con estas leyes Miguel Lerdo de Tejada y José María Iglesias.

Antecedentes

El período desde 1833 hasta 1855 se caracterizó por las repetidas veces que Antonio López de Santa Anna ejerció la presidencia. Durante ese tiempo se vivieron episodios turbulentos, como la Guerra de los Pasteles, y la Guerra México-Estadounidense; esta última se saldó con la pérdida de más de la mitad del territorio mexicano. Santa Anna terminó asumiéndose como dictador, con el título de Su Alteza Serenísima. Los conservadores mexicanos, y por ende la Iglesia Católica, eran favorables a Santa Anna.

Pero el dictador fue depuesto a raíz de la revolución proclamada en el Plan de Ayutla, lo cual trajo al escenario político nuevos actores.

El ascenso de Juan Álvarez a la Presidencia marcó un cambio radical en la manera de ejercer el cargo. Álvarez siempre se mostró opuesto a la mentalidad conservadora, que vinculaba a la monarquía, la Iglesia y las clases altas, ajenas a las necesidades de la vasta mayoría del pueblo.

De modo que se rodeó de un gabinete de corte liberal, mediante el cual se dispuso a crear un ordenamiento legal de corte laico, buscando de este modo cortar de raíz una gran cantidad de privilegios que disfrutaban los más acomodados.

Desarrollo de los acontecimientos

Una de las mentes de las que se sirvió Álvarez para acometer su idea, fue la de Benito Juárez, a quien nombró Ministro de Justicia. Este redactó la llamada Ley Juárez, que suprimía los tribunales que tenían a disposición tanto el clero como los militares, permitiendo que fueran juzgados por tribunales ordinarios en los casos de delitos comunes. Por su parte, a José María Lafragua se le atribuye una ley que garantizaba la libertad de opinión y de imprenta, para lo cual las personas debían hacerse responsables de sus opiniones.

Álvarez ejerció por dos meses, siendo sucedido por Ignacio Comonfort. Durante su gestión se aprobaron algunas leyes adicionales que caen en la categoría de Reforma: se suprimía la coacción civil en los votos religiosos, lo que significaba que ninguna autoridad podía obligar a un particular a cumplir con los votos de alguna orden religiosa. Una segunda ley suprimía a la Compañía de Jesús en México. A Manuel Lerdo de Tejada se le debe una ley que obligaba a las corporaciones civiles y eclesiásticas a vender propiedades y terrenos, en virtud de que eran vastas extensiones ociosas. Lafragua aportó una ley que establecía el Registro Civil, esto le quitaba a las parroquias eclesiásticas la atribución de expedir documentos de nacimiento, matrimonio o defunción, por ejemplo. Por su parte, José María Iglesias promulgó una ley que prohibía el cobro de diezmos a las personas de bajos recursos, así como otras colaboraciones a la Iglesia.

Durante el ejercicio de Comonfort se concibió, redactó y promulgó la Constitución Federal de los Estados Unidos Mexicanos de 1857, que daba forma a un Estado laico y liberal.

En 1858 ascendió a la presidencia Benito Juárez, que enfrentó no pocas dificultades: la Guerra de Reforma y la Segunda Intervención Francesa, así como el Segundo Imperio Mexicano. Juárez promulgó una Ley de Nacionalización de Bienes Eclesiásticos, que impedía el uso de testaferros por parte de la Iglesia a la hora de vender propiedades y terrenos. Le dio forma orgánica a la Ley de Registro Civil, además de promulgar una Ley de Matrimonio Civil. Se terminaba de ese modo de retirar a la Iglesia la prerrogativa sobre estos asuntos. También se retiraba a la Iglesia toda injerencia en la administración de los cementerios. Se promulgó una ley que establecía la supresión de festividades religiosas, de modo que los feriados quedaban establecidos sólo en función de actividades laicas. Otra ley establecía la administración secular de los hospitales y sitios de beneficencia.

Se elimino la exclusividad religiosa del catolicismo, promulgando una ley que establecía la libertad de culto. Por ley, se expulsaba a los delegados eclesiásticos del Vaticano, en virtud de que sus actividades se consideraron como intervencionistas. Una última ley establecía que, con excepción de las Hermanas de la Caridad, las demás órdenes religiosas debían dejar salir de sus claustros a frailes y monjas.

Acontecimientos posteriores

La tensión social provocada por las Leyes de Reforma terminó desatando en 1858 un conflicto conocido como Guerra de Reforma o de los Tres Años. Durante éste, se estableció un gobierno paralelo en Ciudad de México, en tanto que Juárez debió ejercer una presidencia itinerante. Eventualmente, Benito Juárez recobró el control de la capital, pero luego debió lidiar con la Segunda Intervención Francesa y el Segundo Imperio Mexicano. Derrocado el Emperador, Juárez pudo retomar la presidencia en la Capital en 1867.

En 1874, el gobierno de Sebastián Lerdo de Tejada otorgó a las Leyes de Reforma el rango constitucional.


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