La Batalla de Unión de los Adobes

La Batalla de Unión de los Adobes fue un breve enfrentamiento militar que tuvo lugar el 3 de enero de 1877, entre tropas afines al presidente de la Corte de Justicia, José María Iglesias, y fuerzas alineadas con el general Porfirio Díaz. Esta batalla ocurrió en el marco de la llamada Revolución Iglesista, surgida a raíz del intento de Sebastián Lerdo de Tejada para reelegirse como presidente de México.

Uno de los personajes centrales fue Sebastián Lerdo de Tejada, cuya búsqueda de la reelección desencadenó una crisis política. Su principal opositor fue el destacado general Porfirio Díaz, que había sido candidato en la reciente elección, y por otro lado estuvo José María Iglesias, que consideró ilegítima la elección de Lerdo. Los comandantes en la batalla fueron Ignacio Martínez, general a las órdenes de Díaz, y Florencio Antillón Moreno, a la sazón gobernador de Guanajuato, y general que se adhirió a la causa iglesista.

batalla de unión de los adobes

Antecedentes

Una de las costumbres políticas que causó más conflictos en México fue el reeleccionismo. Figuras como Antonio López de Santa Anna o Benito Juárez, incurrieron en este vicio, aún cuando, como en el caso de Juárez, se habían pronunciado en contra de este.

Sebastián Lerdo de Tejada no fue la excepción. Luego de ser electo presidente tras la muerte de Benito Juárez en 1872, y cumplido su período presidencial, volvió a postularse como candidato en 1876. Esta postulación fue cuestionada por José María Iglesias, que presidía la Corte de Justicia, y por el candidato opositor más importante, Porfirio Díaz.

Con todo, las elecciones se celebraron y Lerdo de Tejada se proclamó vencedor, lo que provocó las reacciones inmediatas tanto de Díaz como de Iglesias. El primero se rebeló contra el nuevo gobierno a través del Plan de Tuxtepec, y el segundo se negó a reconocer al presidente electo. El movimiento liderado por Iglesias se le conocería históricamente como Revolución Iglesista. A pesar de que Díaz e Iglesias enfrentaban al mismo enemigo, no lograron ponerse de acuerdo entre ellos, de modo que había en aquella época tres bandos.

El plan de Tuxtepec tuvo al principio muchos tropiezos, sin embargo, a medida que avanzaba el tiempo fue ganando partidarios entre la población y los líderes políticos. Pero a pesar de esto, debido a sus propias consideraciones, José María Iglesias consideraba ilegítimo el gobierno de Lerdo, y que por lo tanto, como presidente de la Corte de Justicia, él debía asumir la presidencia interina.

Esto chocaba con las ideas de Porfirio Díaz; pero ambos líderes intentaron una negociación que no logró prosperar. De modo que Iglesias inició su propia rebelión con apoyo de algunos jefes militares. Díaz asumió la presidencia, para de inmediato proceder a la neutralización de Iglesias. Uno de los militares más destacados que apoyaba a Iglesias era Florencio Antillón, para entonces gobernador de Guanajuato.

Desarrollo de los acontecimientos

Es difícil adjudicarle a este enfrentamiento el calificativo de “Batalla”; debido al modo en que se se desarrolló. Ya los iglesistas se hallaban prácticamente derrotados luego de la batalla de Tecoac. Pero, conociendo el apoyo que profesaba a Iglesias el general Antillón, se dirigió hacia Guanajuato el general Ignacio Martínez. Los dos ejércitos se encontraron cerca de la población de Unión de los Adobes (hoy Unión de San Antonio), donde se desencadenó un combate más bien leve, a pesar de los intentos de Antillón. Se reporta que sólo se produjo un muerto, y que del resto sólo hubo unos pocos lesionados. A raíz de la derrota, Antillón deja de lado su actividad política y militar.

Acontecimientos posteriores

A pesar de no ser la batalla decisiva de la Revolución Iglesista, se considera que Unión de los Adobes fue el último de los combates de la misma. Luego de ella, Iglesias se exilia de México y renuncia a sus aspiraciones.

Posteriormente vendría el extenso período conocido como Porfiriato, durante el que Porfirio Díaz incurriría en el vicio reeleccionista de sus antecesores, y que se prolongaría hasta la primera década del siglo XX.



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